En el comercio internacional, el riesgo no se gestiona en sentido estricto; se estructura.
Esta afirmación, que puede parecer teórica, tiene una consecuencia práctica directa: cuando la estructura de la operación es incorrecta, el problema no se manifiesta en la fase de negociación, sino en la ejecución.
En muchas operaciones, las partes actúan bajo una premisa implícita: que quien controla la mercancía asume el riesgo. Sin embargo, esta premisa no siempre se cumple. Cuando el control material sobre la mercancía, la responsabilidad jurídica y el momento de transmisión del riesgo no están alineados, se genera una desalineación estructural que condiciona el resultado de la operación.
Este tipo de situaciones no es excepcional. Se observa con frecuencia en operaciones entre Europa y Latinoamérica, especialmente en estructuras en las que el vendedor pierde el control antes de la entrega efectiva, el comprador adquiere capacidad operativa sin asumir el riesgo y la correcta finalización de la operación depende de actuaciones de la contraparte. En estos supuestos, el contrato puede estar formalmente bien construido, pero la operación sigue siendo vulnerable, porque la ejecución no responde a la lógica jurídica del acuerdo.
Dónde aparece realmente el riesgo
Desde un punto de vista operativo, esta desalineación suele materializarse en momentos muy concretos de la cadena logística. Es habitual que aparezca en la terminal de salida, cuando el vendedor ya ha entregado la mercancía y pierde el control físico; durante el tránsito, cuando el comprador comienza a intervenir operativamente sin asumir todavía el riesgo; o en la fase de entrega, cuando la asunción de responsabilidades no está claramente definida. Es precisamente en estos puntos donde se producen los daños, las discrepancias en la entrega o los conflictos en la imputación de responsabilidades.
Qué debe revisarse antes de cerrar la operación
Por ello, el análisis previo a la formalización de la operación no puede limitarse a la elección de una condición de entrega. Debe centrarse en la secuencia operativa real. Es necesario identificar quién tiene el control efectivo en cada fase, quién asume la responsabilidad en cada momento y cuándo se produce, conforme a la regla elegida, la transmisión del riesgo. Si estos tres elementos no están alineados, la condición de entrega utilizada no es adecuada para esa operación concreta.
Cómo identificar una operación mal estructurada
La identificación de una operación mal estructurada puede realizarse, además, a través de indicadores relativamente claros. Entre ellos, cabe destacar la existencia de una dependencia del vendedor respecto del comprador para completar la entrega, la transferencia del control operativo antes del momento de transmisión del riesgo y la falta de coherencia entre el Incoterm utilizado y la operativa real. La concurrencia de estos factores no implica necesariamente que la operación vaya a fallar, pero sí que introduce un nivel de exposición que debe ser gestionado.
Ajuste operativo
Cuando esta desalineación se detecta, existen varias vías de ajuste. La más directa consiste en modificar la condición de entrega para adaptarla a la operativa real. Cuando ello no es posible, puede optarse por reconfigurar la secuencia logística para alinear control y riesgo o, en su defecto, por introducir mecanismos contractuales que permitan compensar la exposición generada. En cualquier caso, la clave no está en la elección aislada de un término, sino en la coherencia global de la estructura de la operación.
Conclusión
En definitiva, en el comercio internacional el resultado no lo determina únicamente lo que las partes han pactado, sino cómo ese acuerdo se traslada a la realidad operativa. La relación entre el control, la responsabilidad y el riesgo no es un elemento accesorio; es el eje sobre el que se construye la seguridad de la operación. Cuando estos elementos no están alineados, la operación deja de ser neutra y pasa a constituir una exposición.
Autor Alberto Rino
